domingo, 27 de agosto de 2017

¿Objeción de conciencia u objeción a los derechos?*

Este artículo forma parte de la necesidad de seguir creando estrategias para garantizar el acceso al derecho a al aborto legal, seguro y gratuito en Argentina efectivizando lo establecido en el Protocolo para la Atención Integral de las personas con derecho a la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) del Ministerio de Salud de la Nación.  (MSAL, 2015).
El protocolo ILE establece:
“En su fallo “F., A. L. s/medida autosatisfactiva”, de marzo de 2012, la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN), en su carácter de último interprete de todo el sistema normativo del país, estableció que quien se encuentre en las condiciones descriptas en el art. 86 inc. 2del Código Penal “[…] no puede ni debe ser obligada a solicitar una autorización judicial para interrumpir su embarazo, toda vez que la ley no lo manda, como tampoco puede ni debe ser privada del derecho que le asiste a la interrupción del mismo ya que ello, lejos de estar prohibido, está permitido y no resulta punible” (CSJN, 2012: considerando de esta forma, en la Argentina toda mujer, niña, adolescente y, en general, toda persona con capacidad de gestar, tiene derecho a solicitar una interrupción legal del embarazo que cursa según los mismos estándares de calidad que el resto de los servicios de salud, cuando:
·  el embarazo representa un peligro para la vida de la mujer y este peligro no pueda ser evitado por otros medios;
• el embarazo representa un peligro para la salud de la mujer y este peligro no pueda ser evitado por otros medios;
• el embarazo proviene de una violación;
• el embarazo proviene de una violación sobre una mujer con discapacidad  intelectual o mental.”
Principios rectores de la ILE
“Estos principios surgen de la normativa internacional de derechos humanos con rango Constitucional para nuestro país (art. 75, inc. 22), de la propia Constitución y la legislación argentina. Entre las más importantes se encuentran la Ley de Derechos del Paciente (26.529), el Régimen Legal del Ejercicio de la Medicina (Ley 17.132) y la Ley de Protección Integral a las Mujeres (26.485)”. (MSAL, 2015).
Objeción de conciencia según el protocolo ILE
“Toda/o profesional de la salud tiene derecho a ejercer la objeción de conciencia con respecto a la práctica del aborto no punible, siempre y cuando no se traduzca en la dilación, retardo o impedimento para el acceso a esta práctica médica (CSJN, 2012). La objeción de conciencia es siempre individual y no institucional. De acuerdo a esto, todos los efectores de salud en los que se practiquen Ias ILEs deberán garantizar su realización en los casos con derecho a acceder a ella.”
Objeción a los derechos humanos
Mi planteo, independientemente de las discusiones al interior de los feminismos sobre incorporar la objeción de conciencia a los proyectos de ley que  garanticen el derecho al aborto y su despenalización; tiene que ver con derribar un obstáculo simbólico que seguimos arrastrando.
¿Por qué seguimos llamando objeción de conciencia al incumplimiento voluntario de un derecho como es la ILE?.
¿Qué es la conciencia?, ¿Quiénes están con-la-ciencia, tienen el saber científico y moral, y en tanto son capaces de objetar?.
 ¿De qué lado quedamos las personas que luchamos por garantizar derechos?.
La lógica dicotómica y binaria patriarcal juega de nuevo. Estarían quienes tienen ciencia, que hacen su examen de conciencia y objetan un derecho desde una supuesta ética. Esto es muy peligroso ya que implica una operación lógica que expulsa automáticamente del lado de la No ciencia y de la No ética a quienes pugnan por garantizar los Derechos Humanos, que aparecen como seres caprichosos incapaces de tener fundamentos sólidos.
 ¿Les suenan conocidas las siguientes premisas binarias patriarcales: racional-intuitiva, ciudadano-tutelada, capaces-incapaces?, ¿masculino-femenino?; deslizamientos simbólicos de la tan conocida Histeria y los clásicos caprichos uterinos.
Recuerdo de pequeña, educada en la religión católica, que debía hacer un examen de conciencia antes de acceder al sacramento de la confesión, allí pensaba en todos los pecados y debía confesarlos para ser perdonada.
¿Cuánto de esta carga simbólica arrastramos aun al interior de nuestras estrategias políticas a favor de los derechos humanos de las personas con la capacidad de gestar?.
Es para celebrar que llamemos Interrupción Legal del Embarazo a lo que antes se llamaba aborto no punible pero no es suficiente. 
Propongo la deconstrucción del término “objeción de conciencia”; llamando “objetores/as  a los  derechos” a quienes dañan con sus intervenciones, obstaculizan e impiden la efectivización de la ILE.
Porque de eso se trata, el poder también nomina, estemos alerta, porque somos sujetas de ciencia, de conciencia y de ética.
No olvidemos que toda ciencia es política.


*Mg. Clara Attardo. Docente de la Diplomatura en Géneros, Políticas y Participación. Universidad Nacional de General Sarmiento.

Cómo trabajar Géneros en talleres de educación popular con Jóvenes

¿De qué hablamos cuando hablamos de géneros?
Clara Attardo

Cuando hablamos de géneros nos referimos a las ideas, discursos, mitos y mandatos que circulan social y culturalmente acerca de lo que son y lo que se espera que sean los varones,  las mujeres. Son ideas bastante rígidas que nos impiden pensar en que podemos ser múltiples y divesrsas/os.
Estas ideas se transforman en moldes rígidos que no nos dejan decidir libremente sobre como ser chicos y chicas. Vemos cotidianamente que circulan en ámbitos como la familia, la escuela, la televisión, en internet, en las canciones que escuchamos, en las propagandas que vemos, etc.
A través de los discursos que transitan en las instituciones sociales nos encontramos con mitos que  nos dicen cómo son las mujeres y varones, y cómo deben ser sus roles en nuestra sociedad.
Seguramente hemos escuchado que las mujeres son románticas, deben cuidar y apoyar a sus seres queridos de manera incondicional y que existe una media naranja, un “príncipe azul” destinado a cuidarlas y protegerlas. Él brindará seguridad ya que es fuerte e inteligente, mientras las mujeres son sensibles e intuitivas.
Los varones serán los principales proveedores de recursos económicos así como los encargados de proteger a las mujeres.  Las mujeres, en cambio, serán las encargadas de mantener unida la familia y de cuidar su salud, de atender y entender a la pareja.
Pero ¿acaso los varones no pueden ser sensibles, comprensivos e intuitivos?, ¿y las mujeres no pueden ser autónomas respecto a tomar decisiones sobre sus proyectos, el uso del dinero, etc.?
Estos mitos o estereotipos establecen patrones de género que reproducen inequidades, ya que naturalizando roles y formas de ser, se convierten en moldes rígidos obstaculizando la igualdad de oportunidades entre varones y mujeres.

Las relaciones entre mujeres y varones pueden ser de distinto tipo, por ejemplo de desigualdad,  de igualdad, de complementariedad, etc. En la mayoría de las sociedades las relaciones entre ambos son de desigualdad: Esto significa menores oportunidades, menos valoración y reconocimiento para las mujeres y un acceso distinto a recursos materiales, educativos, espacios deportivos, laborales,  etc.

Es importante destacar que apuntamos a cambiar los modelos y estereotipos que reproducen formas de ser, de hacer las cosas y lugares sociales donde los varones tienen más oportunidades que las mujeres.  Es decir que vivimos en una sociedad donde todavía los varones tienen más poder que las mujeres, esto se manifiesta en desigualdades que se juegan en la familia, en la escuela, en el trabajo, etc.
En este sentido, también vemos como socialmente se presiona a las mujeres para siempre ser bellas, delgadas y atractivas para los otros, sin importar lo que ellas deseen o como quieran ser. Esto va contra su poder de decisión y de autonomía.
En la construcción de este camino de equidad apuntamos a cuestionar, también, aquellos mandatos que ubican a los varones como hechos para el ejercicio del poder, para el dominio de la otra y del otro. Queremos cuestionar con vos los costos que tienen para los varones los mandatos que refuerzan el ejercicio de la violencia, el no registro de las emociones, el tener que ir siempre al frente, etc.
No queremos una guerra entre los sexos,  todo lo contrario queremos poder vivir en una sociedad mas justa donde varones y mujeres puedan vivir más libres gozando de sus derechos.


Hagamos el siguiente ejercicio para pensar entre todos y todas:

Ubiquemos las siguientes acciones y características según correspondan a mujeres o a varones pensando en qué se espera socialmente de cada género:



Mujeres


Ser valientes
Ser lindos/as y atractivos/as
Ser sensibles
Usar la fuerza
Salir con muchos/as chicos/as
Ser pasivos/as
Criar niños/as
Hacer las tareas del hogar
Jugar a la pelota
Aguantar
Cuidar a los otros
Jugar con muñecas
Dialogar
Ser agresivos/as
Ser jefe/a
Ganar mucho dinero
Ser emotivos/as
Ser arriesgados/as
Hacer deportes mostrando fuerza
Salir a divertirse con amigo/as
Llorar
Tener miedo

Varones

Ahora les proponemos que debatan e intercambien sobre resultado del ejercicio

-       ¿Qué sintieron al realizarlo?
-       ¿Qué se pensaría de las mujeres y de los varones si a las mujeres les correspondiera la columna que se construyó para varones y vice-versa?
-       ¿Creen que los atributos y a acciones señalados pueden compartirse entre ambos sexos? ¿Cuáles si? ¿Cuáles no? ¿Por qué?.
-       ¿Qué existan estas divisiones de roles entre los géneros les parece justo? ¿por qué?
 -¿Por que pensamos en dos casilleros: Mujeres-varones? ¿se puede pensar más allá?


Preguntas para pensar

¿Qué alternativas hay para estos modelos?
¿Cómo podemos construir una sociedad más justa entre varones y mujeres? ¿Cómo podemos lograr que se respeten las diferencias? ¿Cómo podemos lograr que los chicos y las chicas realicen sus proyectos con libertad?





Tres mitos, tres realidades. Abortos clandestinos, Trata y Femicidios



Basada en la obra clásica de Ana María Fernández “La Mujer de la Ilusión”;  me interesa pensar cómo actualmente tres Mitos que la autora plantea como pilares en la construcción de las subjetividades femeninas modernas; tienen plena vigencia actualmente en tres realidades que impiden a las mujeres disfrutar de sus vidas y obstaculizan el desarrollo de su libertad y autonomía como lo son Abortos clandestinos, Trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual y los Femicidios.

Los mitos que A. M. Fernández plantea citan la obra de Castoriadis.  Se denominará Mito a Producciones del Imaginario Social que operan como organizadores de creencias, sentimientos, pasiones, gustos, estructurando subjetividades a través de los diferentes momentos y necesidades históricos.

Los mitos, que conceptualiza Fernández,  denominados Pasividad Erótica Femenina, Amor Romántico y Mujer=Madre son constitutivos de las subjetividades femeninas de la modernidad en sus inicios, y toman formas específicas de acuerdo a los cambios históricos, políticos y sociales.   Asimismo crean una matriz específica de acuerdo a la etnia e identidad cultural, orientación sexual, clase social de las mujeres.

El fin de este artículo es afirmar que las realidades actuales que recrudecen en nuestro país como las muertes de mujeres por abortos clandestinos (especialmente de las más pobres como sabemos); la desaparición en democracia de mujeres y niñas con fines de explotación sexual y el creciente número de femicidios; hacen que los tres mitos antes mencionados,  que parecerían ir transformándose y hasta resquebrajándose tras el progreso de las Mujeres, pujan e insistan en NO dejar de existir en cada una de estas realidades que se hacen carne en nuestras vidas.

Los mitos son el corazón de hechos regresivos que resisten a toda posibilidad de liberación de las mujeres; impidiendo la conquista plena de la autonomía y soberanía sobre sus cuerpos, sexualidades y disfrutes.

Los tres Mitos y sus correlatos, aborto, trata y femicidios.

Si bien los tres mitos que menciona A. M. Fernández constituyen el corazón de las violencias contra las mujeres, las muertes por abortos en situación de clandestinidad y la trata con fines de explotación sexual; cada mito tiene un correlato especialmente potente con cada una de estas situaciones.

·        Pasividad-pasivización Erótica Femenina y Trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual
.
El proceso histórico de generización de las mujeres en los comienzos de la modernidad capitalista requirió de la expropiación del erotismo de las mujeres impidiendo el conocimiento de sus cuerpos, así como de la toma de decisiones y fundamentalmente la construcción de un cuerpo sujeto de placer erótico.

Dicha expropiación establece una relación particular con el sujeto masculino, que será dueño del saber sobre ese cuerpo, será el sujeto  “activo“ del placer erótico  y  las mujeres objetos “pasivos” de dicho placer. Una “buena mujer” será aquella suficientemente generizada, pasivizada y expropiada del goce, conocimiento y placer en relación a su cuerpo, como producto del disciplinamiento biopolitico y el sómato político.

Esta realidad es necesaria en el contexto del capitalismo que requiere  de madres “suficientemente buenas” cuidadoras de los ciudadanos futuros. 

La creciente constitución del cuerpo femenino como mercancía, que lo convierte en objeto despersonalizado al servicio del goce y poder masculino; se refuerza en épocas de mayor liberación sexual y erótica de las mujeres,  mediante la desaparición en democracia de las mujeres y niñas con fines de ser explotadas sexualmente.

Paradójicamente prácticas libertarias y escalvizantes coexisten entré sí,  así como nuevos varones que cuestionan la masculinidad hegemónica conviven con prácticas que recrudecen el proceso biopolítico de fragilización de las mujeres y nenas como objetos descartables de goce sexual.

El patriarcado y el capitalismo de comienzos de siglo XXI toman formas que moldean el mito de la Pasividad Erótica Femenina, hasta llevarlo al extremo del secuestro y la violación sexual de las mujeres, sosteniendo un gran negocio mundial.

·        Amor Romántico y Femicidios

Cada día se refuerzan las piezas simbólicas del mito del amor romántico, a través de las propuestas lúdicas, literarias, educativas, indumentarias y tantas otras que reciben las nenas. 

Propuestas altamente redituables comercialmente, minan las mentes de las niñas promoviendo constituirlas en “princesas”, que lejos de ser ciudadanas de derechos; pretenden moldearlas como objetos bellos, dependientes y frágiles, cuyo principal valor es ser el sostén emocional de la familia; donde no existe la soledad como opción, y mucho menos el cuestionamiento de la heteronormatividad y el binarismo sexual.

Los varones son y deben ser “príncipes”, proveedores económicos, protectores, heterosexuales;  dueños principales del poder de decisión y monopolizadores legítimos del uso de la violencia. Las mujeres se “casan para siempre y comen perdices”, “los trapos sucios serán lavados en casa” y “deben aguantar por amor a la familia.”

El mito del amor romántico, con un velo de cuento de hadas, esconde la cruda realidad de la permanentemente desigualdad de poder entre mujeres y varones al interior de las parejas. Incluso ante más información y legislación sobre el tema, cada día crecen los femicidios.

Muchas mujeres, actualmente al querer liberarse de la violencia, son muertas en manos de sus parejas, dejando numerosos niños y niñas huérfanos/as también victimas y testigos/as de violencia.

El fenómeno Disney, por ejemplo,  encarna el cruce entre el capitalismo actual y el destilado de símbolos, imágenes y objetos del mito; que pretenden generizar a las niñas en un lugar de objeto bello, diseñado para el amor, la ingenuidad y la necesidad de protección y sobre todo, control, por parte de los varones.

Y ni que hablar del ideal monárquico tan de moda en nuestros días. Esto me da que pensar en algunas implicancias políticas de resaltar un sistema institucional donde los/as que tienen poder son algunos/as elegidos/as, por estirpe y linaje; en el cual las mujeres solo acceden por matrimonio.

Lejos de las premisas sobre elegir y ser elegidas; las princesas nos devuelven a un mundo monárquico, donde las mujeres pierden toda capacidad de poder político, autonomía y libertad de decisión.  Pilar de la violencia; que se hace carne dramáticamente en la muerte creciente de las mujeres en mano de sus parejas o ex parejas masculinas.

·           Mujer=Madre y muertes por abortos clandestinos

Si para ser Mujer es necesario ser madre, la maternidad no es un proyecto posible sino una premisa constitutiva de la identidad femenina.  Y esto es claro en la legislación que en nuestro país penaliza la práctica del aborto.

La maternidad, lejos de ser planteada como deseo y decisión, es obligatoria y “esencial”. “Instintiva y biológica”.  500.000 abortos por año en nuestro país, con numerosas muertes y consecuencias discapacitentes  para las mujeres, parecerían no hacer mella en el mito.

El mito cae con cada mujer que decide abortar para no ser madre porque no desea la maternidad.

El mito impide inscribir legítimamente el deseo y el NO deseo de maternidad; así como los múltiples estados, sentimientos y prácticas que ocurren verdaderamente en relación los embarazos y las maternidades. 
Por su carácter de ilegalidad, es difícil tener cifras exactas de la morbimortalidad que produce el aborto en nuestro país;  pero como sabemos las mujeres pobres son quienes mueren por no tener acceso a métodos seguros para abortar. Los sectores medios-altos acceden al aborto seguro por poder de pago, con un velo de hipocresía.

Las mujeres pobres son condenadas a muerte por la doble condición de mujeres y pobres. El mito vive en cada muerte.

Las subjetividades femeninas de hoy, como las de ayer; son constituidas por las producciones míticas del patriarcado heteronormativo y el capitalismo que se hacen carne en el cuerpo de las mujeres como territorio de pujas de poder.

Los géneros siguen en disputa y los cuerpos siguen siendo territorio de conflictos, aun conformando un enorme crisol más o menos tradicional, cada vez más diverso y múltiple,  las mujeres seguimos pugnando por romper cadenas, como en los albores de la modernidad.

Des-generizarse es un  fin libertario para las subjetividades en su arcoiris, para las Instituciones públicas y privadas y para los Estados. Es un fin absolutamente libertario que necesita de herramientas políticas, culturales y económicas, porque implica desarmar relaciones de poder opresivas en el marco del capitalismo.

Si la idea-concepto de Género, aun sirve como herramienta política de cambio bien valen aun sus desarrollos; sino habrá que darse otros.

Tres Mitos, tres realidades en nuestra Argentina aquí y ahora, 10 de noviembre de 2013.

Bibliografía:
-Ana María Fernández. La Mujer de la ilusión.  Paidós, Buenos Aires, 1993.


-Ana María Fernández. Sexualidad Femenina. La Pasividad Femenina. Una Cuestión Política. Zona Erógena. Nº 16. 1993.

domingo, 11 de octubre de 2015

Ciudades seguras para las mujeres desde una perspectiva de género

Por Clara Attardo

En http://www.moron.gov.ar/politicas_genero/descargas/manual_de_herramientas_para_monitoreo.pdf


Fundamentos políticos
El proyecto Derecho a una Ciudad Segura y Equitativa para las Mujeres se propone garantizar que las mujeres circulen por las ciudades libres de todo tipo de violencia, fomentando la inclusión y el intercambio con los diversos grupos sociales que habitan los espacios. En las ciudades se combinan y articulan fenómenos sociales complejos tanto de orden local, global, nacional, etc. Son un espacio de encuentro entre diversidades, son escenario donde se ejercen los derechos, donde se ven menoscabados, donde existen juegos de poder y resistencias simultáneamente. Las ciudades son espacios de tensión entre diferentes grupos que pugnan por ser reconocidos. Las mujeres han impulsado en Latinoamérica procesos de urbanización “no solamente con la presencia demográfica, sino a través de su participación constante como eficaces gestoras socia- les de las necesidades y demandas colectivas, y como productoras del espacio habitable”. (1) En esta dinámica nos encontramos con diferencias en el acceso a las ciudades por parte de los diversos grupos sociales, donde la igualdad formal no se plasma en igualdad real en térmi- nos de derechos. Es central visibilizar que las ciudades no son espacios neutros, en ellas se dan interjuegos de desigualdades, exclusiones y violencias. Las ciudades están atravesadas por inequidades de género. No han sido construidas de acuerdo a las necesidades de las mujeres, ya que tradicio- nalmente no se concebía a las mismas como sujetas con derecho a las ciudades. Estas desigualdades de género se encarnan en la distribución espacial de las ciudades donde hay espacios diferentes habilitados y legitimados para varones y/ o para mujeres. Existen tam- bién diferencias en el uso del tiempo en las ciudades por parte de los géneros, diferentes espa- cios de circulación, etc. En términos reales,las mujeres tienen menos acceso al despliegue espacial y temporal que los varones en las ciudades. Asimismo,las ciudades traducen,en sus distribuciones espaciales,las desigualdades y fragmentaciones sociales que son efecto del capitalismo tardío. Se puede observar en la presencia de espacios cerrados, privados, inaccesibles más la concomitante degradación del espacio públi- co expresada en las condiciones medioambientales (presencia de basurales, tala de árboles, contaminación de las aguas, etc.). Las urbes parecen haberse dividido en compartimientos estancos o “guetos” exclusivos y excluyentes, generando accesos desiguales y potenciando la conflictividad social. Las ciudades son creadas por las interrelaciones de las personas que las habitan. Pensar en
las ciudades es pensar en los sujetos, los discursos, los imaginarios sociales, las relaciones de poder, etc. que la construyen. Por lo tanto, desde una perspectiva de Género, es fundamental tomar estas concepciones diná- micas para pensar en las ciudades seguras y equitativas para las mujeres. Que las mujeres no puedan acceder y disfrutar del espacio público de igual forma que los varones es un tipo de violencia de género invisibilizada en nuestras sociedades. Este tipo de vio- lencia lleva a que las mujeres se refugien en el espacio privado, y es justamente el ámbito fami- liar donde se agudizan las violencias hacia las mujeres.

Repensando el concepto de Seguridad desde el Género
Actualmente, en las complejas realidades latinoamericanas, estamos debatiendo sobre seguridad a fin de generar estrategias de acción y políticas públicas. El desafío es construir un concepto de seguridad del que devengan prácticas que generen ciudadanía vinculada al ejercicio de las libertades y no a su restricción. Según la especialista en género, Virginia Vargas,la seguridad tradicionalmente ha sido entendida como defensa del orden Estatal. Con el desarrollo del orden económico neoliberal se ha deslizado hacia una concepción de protección de la propiedad privada, privatizando las funciones de seguridad y homologando políticas criminales a políticas de seguridad. De esta manera, se vuelven legítimas diferentes formas de exclusión y expulsión social a diversos grupos, que por sus condiciones sociales, raciales y étnicas se tornan potencialmente peligrosos. Las condiciones de vida inequitativas, la exclusión social, la falta de distribución de la rique- za, el deterioro del medioambiente, entre otros factores, crean condiciones de inseguridad e incer- tidumbre, que sumadas al contexto global actual generan angustia en los sujetos en sus vidas cotidianas. Inseguridad es por ende irreductible a criminalidad. Por otra parte, las problemáticas de seguridad/inseguridad operan como construcciones imaginarias sociales que se reproducen en las prácticas y se encarnan en las subjetividades ali- mentando el miedo, la incertidumbre y, por sobre todo, la desconfianza en el prójimo, poten- ciando la fragmentación social. En los últimos años no es menor la incidencia de los medios masivos de comunicación en la construcción de este imaginario que refuerza el temor frente al espacio público. También constru- yen estos imaginarios las fuerzas sociales y políticas conservadoras que colocan la inseguridad en determinados sectores sociales (de acuerdo a su procedencia, raza, etnia, etc.). Otro factor impor- tante a destacar es que la seguridad privada se ha convertido en un gran negocio en la actualidad. Es importante interrogar estas concepciones desde una perspectiva de Derechos Humanos para lo cual la noción de seguridad humana, en contraposición a la de seguridad policial, puede ser una herramienta interesante. Desde una perspectiva de Derechos Humanos, la lucha contra la inseguridad es una tarea por el logro de mayores grados de justicia que acaben con la fragilidad que viven los sujetos sociales. Estamos hablando deseguridad humana,refiriendo a que todas las personas tengan dere- cho a ejercer su libertad en igualdad de condiciones y acceso a bienes sociales. En esta línea de pensamiento, incluimos los intereses ciudadanos que serán satisfechos en la medida en que la institucionalidad estatal pueda, por medio de las políticas públicas, interve- nir en contrarrestar las inequidades de poder que se expresan en estas situaciones. En este sentido, estamos en un terreno donde el concepto de seguridad remite a ciudadanía y democracia, no a criminalidad y represión. Aquí nos encontramos con el enorme desafío de seguir reflexionando a la luz de los aportes del feminismo: seguridad ciudadana no es reducible a seguridad en el espacio público. Es necesario pensar en la seguridad para las mujeres en los diferentes ámbitos en donde ellas circulan, rescatando los vínculos entre los mismos y sin reducir intervenciones a ninguno de ellos. Es necesario pensar las rutas de las mujeres que incluyen el hogar, el barrio, la ciudad, el trabajo, los medios de transporte, las calles, etc. Es fundamental visibilizar los circuitos que construyen las mujeres en sus vidas cotidianas para crear estrategias de seguridad. Esto no puede realizarse sin reconocer la violencia de género en el ámbito privado, ya que esto reforzaría el temor de las mujeres al ámbito público, significado como peligroso, y haría invisible las relaciones de opresión dentro del hogar. De esta manera, se construye el imaginario social del temor deslizado hacia el afuera, hacia los desconocidos, cuando la mayoría de mujeres y niños/as, que padecen todo tipo de violencia, incluyendo la sexual, la viven en el ámbito privado y los perpetradores suelen ser personas conocidas. Esto se torna imposible de ser visto y altamente conmocionante cuando se recibe violencia de quien menos se espera y teme.
Derecho a una Ciudad Segura y Equitativa para las Mujeres, una estrategia para la transversalidad de Género
Transversalidad implica ubicar la dimensión de género en la “corriente principal” del desarro- llo. Es un enfoque político cuyo objetivo es la integración de las mujeres en el eje principal del desarrollo, reconociendo la necesidad de influir en todas las metodologías, análisis, políticas y planificación desde una perspectiva de género. El objetivo inmediato es la mejora de la posición social, política y económica de las mujeres, a través de las acciones del Estado, de la Cooperación y de los otros actores sociales, es decir, no sólo en las iniciativas “marginales” sino en las “principales”, en el nivel de las políticas, planes, programas y proyectos, en todos los sectores en los presupuestos más significativos. La transversalidad o mainstreaming de género implica incorporar los aspectos de género en las agendas, en la toma de decisiones y una mayor participación en condiciones de igualdad y equidad de mujeres y hombres en la conformación de las políticas y la dirección del desarrollo. Pero la integración de la equidad de género en la “corriente principal” requiere de estrategias y programas específicos, de una agenda institucional que la promueva y de recursos concretos y procesos de reformas amplios que son necesarios incorporar progresivamente en los diversos espacios institucionales. “El objetivo de estos esfuerzos es aumentar su capacidad de crear las condiciones para que mujeres y hombres por igual, de toda condición social, puedan realizarse y sentirse seguros/as. Construir sociedades donde mujeres y hombres, libres de la necesidad y el miedo, puedan realizar plenamente su potencial humano y participar, en pie de igualdad, en el desarrollo de la socie- dad, compartiendo sus riquezas y beneficios sobre la base de la paridad.” (3) La aplicación de la perspectiva de género en las políticas públicas que persiguen el logro de la equidad exige una postura crítica de las realidades que tocan o expresan la situación y posi- ción de las mujeres y los hombres, en el propósito de descubrir si tales condiciones están deter- minadas por pertenecer a uno u otro sexo. Se trata del revelamiento de la existencia abierta o invisibilizada de la jerarquía y las relaciones de poder entre los géneros. (4) Es en este sentido que, “Derecho a una Ciudad Segura y Equitativa para las Mujeres” pretende monitorear la transversalidad de género en las políticas públicas que conllevan la planificación y gestión de las ciudades. Buscando una mayor autonomía y libertad de las mujeres en el uso y la apropiación de los espacios públicos.
Esta construcción social de la inseguridad reducida al espacio público, concebido como peli- groso, genera mecanismos de expulsión de las mujeres de este espacio, debilitando sus redes sociales, cortando la posibilidad de lucha por espacios políticos de reconocimiento y de habitar las ciudades con libertad. Es interesante también ver el efecto que este imaginario social sobre la inseguridad tiene en los varones. Existen estadísticas situadas en Brasilia (Zanotta, 2008) que muestran que el 90% de los homicidios perpetrados en las calles son de varones jóvenes hacia varones jóvenes. Incremen- tando las muertes, por causas externas, en Brasil. El carácter temerario que se imprime en la construcción tradicional de las subjetividades masculinas tiende a negar el temor, a no reconocerlo y a incrementar las situaciones de riesgo. El tema de la seguridad en las ciudades nos enfrenta a pensar como aún persisten formas de padecimiento y ejercicio de las violencias que siguen patrones de género tradicionales y que estos a su vez se retroalimentan (Zanotta, 2008) con las nuevas violencias emergentes de las condiciones históricas, sociales, económicas y tecnológicas actuales. En un contexto donde crece la trata de personas, así como la violencia de género en sus distintas expresiones, se agudizan las desigualdades, el racismo y la exclusión social. Esto se traduce en el recrudecimiento de las formas de violencia hacia las mujeres.

El Proyecto
A través del proyecto Derecho a una Ciudad Segura y Equitativa para las Mujeres se intenta visibi- lizar en qué medida -cuando se planifican y ejecutan políticas públicas tendientes a la seguridad, a la creación de espacios públicos y al acceso a la ciudad- se tienen en cuenta las maneras parti- culares en que viven mujeres y varones los espacios, cómo son las experiencias respecto de la seguridad, etc. Con este fin se realizó un diagnóstico y un monitoreo de la transversalidad de género en la planificación y ejecución de las políticas públicas municipales tendientes a promover una ciu- dad segura y equitativa para las mujeres (2). A partir de los resultados obtenidos, se llevaron a cabo al interior de los diferentes estados locales socios, capacitaciones con funcionarios y funcionarias sobre la importancia de la pers- pectiva de género en la planificación y la ejecución de las políticas públicas locales. A la vez que se abrieron espacios de consulta a mujeres y varones de la comunidad respecto al tema de segu- ridad y acceso a la ciudad. De esta experiencia participaron el Municipio de Morón, como entidad Coordinadora. La Alcal- día Mayor de Bogotá, Colombia; la Prefeitura de Diadema, Brasil; la Municipalidad de Escazú, Costa Rica; el Ayuntamiento de Sant Boi de Llobregat, Barcelona, España; y el Centro de Comu- nicación e Investigación aplicada “Mujer y Sociedad” Lima, Perú.

Notas
1. Massolo, A. «Análisis y propuestas para la acción de los gobiernos locales en la seguridad de las mujeres en las ciudades», en Ciudades para convivir, p.138. 2. El monitoreo implica recoger la información necesaria para decidir en el momento oportuno la orienta- ción de un programa o proyecto. Esta información también permite constituir una base de datos para el análisis, la discusión, la evaluación y el establecimiento de informes. Como tema transversal, el género debe ser integrado en todos los sistemas de monitoreo.

domingo, 18 de mayo de 2014

Demasiado gordas para Punta del Este

La delgadez se transformó en símbolo de estatus. Asistimos a una época de pobres gordos y ricos flacos.
Y la verdad es que mientras transito las realidades de diferentes clases sociales mi cuerpo cambia de sentido de un momento a otro.
Cuando estoy con mis amigas de toda la vida, de clase obrera o ex obrera, todas somos gordas, comemos sin inhibiciones todo lo que nos gusta hasta reventar, morimos por la carne, por el asado, por las achuras.  Si bien conocemos y nos atraviesan los modelos estéticos de culto a la delgadez, en algún punto nos revelamos a ellos y no nos importan, no nos hacemos tanto rollo por la gordura, porque acá en el Conurbano obrero somos todas un poco gordas, un poco negras, un poco feas. 
Tenemos bebes y quedamos gordas, todas "sabemos" que es un bajón, pero es nuestro destino.
A la vez transito la vida con mujeres "progres" porteñas; aquí todo es diferente. Idolatramos a Roxi!!!. No llamamos gordos a los gordos, los llamamos "personas con problemas de sobrepeso". Odiamos la gordura, porque es una enfermedad claro (soy irónica); nos vivimos pesando tenemos balanzas en el baño; nos psicoanalizamos todo el tiempo; promovemos que debemos respetar a la gente como es; pero odiamos la gordura.
Odiamos la carne, somos casi veganas; pasamos horas en el gimnasio y comemos mijo, alfalfa y todo tipo de semilla que caiga de un árbol. Básicamente estamos muertas de hambre. Ponemos tanta energía en No ser gordas!

Ser bella es ser flaca.
Para unas y otras ser gorda es un bajón; sabemos que somos "menos atractivas", que los tipos nos dejan si engordamos; pero el bio-poder gordo-fóbico nos atraviesa distinto.
A unas, las pobres,  las que tenemos menos acceso a la alimentación de calidad (seamos honestas) nos hace reventar; a otras nos hace morir de hambre.
A todas nos mata un poco. 
Pero unas, (las progres y  urbanas) no queremos ser como las otras (pobres y conurbanas), ser gorda es ser menos atractiva pero también es perder estatus, las pobres somos gordas, "enfermas". Nosotras tenemos cuerpos cuidados, somos "saludables".
Ninguna de nosotras tiene en definitiva acceso a comer con calidad?,  variado?; todas nos morimos de hambre, pobres y no pobres. 
En definitiva todas carecemos de una autoestima alimentada y saludable. Estamos muertas de hambre y estamos débiles para hacer una revolución.
El patriarcado te quiere flaca, débil, atontada y separada de tu manada, las otras, nosotras.
Los varones siguen siendo como el oso "cuanto más feo más hermoso". Cuando un bebe es regordete es "un chancho divino",  si una beba es regordeta no tanto, hay que ver que no se transforme en gorda, sino no será suficientemente mujer y  suficientemente burguesa.
¿Y mi cabeza que transita entre mundos?!, solo puedo escribir y tratar de ponerme un poco afuera para intentar pensar. Fui una nena gorda y nunca sufrí tanto. Fui una adolescente anoréxica y nunca me "fue tan bien (?)"; aunque casi muero claro; pero ese verano menemista fui a Punta del Este y logré ser una de "Ellas".
Ahora transito entre mundos y trato de mantenerme cuerda; crio a una niña; bella, robusta, amante de las comidas. Amo que disfrute comer. 
Trataré de amarme más, también para que mi hija se ame.
Me voy a poner el agua para los fideos!



lunes, 10 de marzo de 2014

Conmemorando el 8 de Marzo


Hermoso reencuentro de reconocimiento a la labor de quienes fuimos alguna vez coordinadoras del Consejo Municipal de las Mujeres de Morón. Estoy con el Intendente de Morón Luchas Ghi, con la Senadora Provincial Mónica Macha pero fundamentalmente con la inspiración de mi vida, mi hija Helena.
7 de Marzo de 2014. Teatro Municipal de Morón.